Promesas temerarias
Hace unas semanas, una amiga me preguntaba con qué derecho hablaría yo de promesas en la boda de mi sobrino. Su pregunta me dejó pensando. El ensayo que usé como referencia ha sido uno de mis favoritos. Señala la libertad y la belleza de las promesas que hacemos en momentos de impulsos irrefrenables. Esta es una versión en español de las palabras que leí:
En vista de que Inglaterra nos ha reunido, quisiera recordar un ensayo de uno de mis autores favoritos, el escritor inglés G. K. Chesterton. El título del ensayo es “Una defensa de las promesas impetuosas” y, como su título lo sugiere, es una apasionada reivindicación de las promesas que hacemos de manera impulsiva, como una de las maneras más sanas y valientes de ejercer nuestra libertad. Chesterton dice que “el hombre –o la mujer(1)– que hace una promesa hace una cita consigo mismo en un momento o un lugar lejanos", y que “el peligro es que no cumpla con su propia cita”. Dice Chesterton que, en los tiempos modernos, ha aumentado ese terror que se tiene hacia uno mismo, a la debilidad y a la mutabilidad de uno mismo, y que ese terror es la base real de las objeciones que se le presentan a toda clase de promesas. Agrega que “el hombre –o la mujer– que hace una promesa, por insensata que sea, ofrece una sana y natural expresión de la grandeza de un gran momento” (…), y, en lo relativo a las promesas matrimoniales, dice que"es propio de la naturaleza del amor enlazarse a sí mismo, y que la institución del matrimonio lo único que hace es ofrecerle al hombre –o la mujer– una prueba de respeto al tomar en serio su palabra”. Esta es la grandeza de este momento en el que somos testigos del sano valor de Valpuri y Diego al unir sus vidas con una promesa, y aquí estamos expresando nuestro respeto a sus palabras. Y ya que hablamos de palabras, solo quiero agregar que con esta promesa somos testigos del nacimiento de una nueva palabra en tres idiomas distintos; en español: Val-y-Diego; en inglés, Val-and-Diego; y en finés, Val-ja-Diego. Ojalá que estas palabras se llenen de sentidos hermosos e inspiradores.
La amiga aguafiestas quiso señalar la falta de autoridad moral que –como hombre divorciado– tenía yo para hablar de promesas, y estuve tentado a darle la razón. A pesar de lo mucho que me ha gustado ese ensayo de Chesterton, podría decirse que nunca he estado a la altura de su belleza (en este enlace el texto original).
Hace casi dos décadas, en medio de un enamoramiento del que solo quedan dos o tres relatos disfrazados de ficción, escribí una versión resumida del ensayo en forma de poema:
Promesas temerarias –Con el perdón de Gilberto– He sabido de un hombre que cuenta las hojas de cada tercer árbol He sabido de otro que cada día jueves recorre la ciudad saltando en una pierna Prometieron hacerlo hasta el fin de los días y es posible que cumplan sus promesas Hay alguien que dedica al comienzo del mes treinta horas continuas a agarrar sus orejas con las manos opuestas Y hay otro que canta los nombres y apellidos de todas sus tías en orden de edad de mayor a menor y después al revés en el techo de un bus Pero hay también un hombre que a veces es John Patterson o cierto general, otras, doctor Mc Gregor a veces, Walter Carstairs y a veces Sam Slugh and none of them endorses the promises they do Hay cierta emoción que sólo es conocida del soldado que ama su bandera, del asceta que muere de hambre en busca de la luz, del amante que al fin toma su propia decisión Short as the moment of his resolve might be it was, like all great moments, a moment of immortality La libertad sería incompleta si no fuera libre para entregarse If insanity is involved at all it is a little insane not to do so Prospera en todos lados la ciudad de los triviales pecadillos, en ella abundan las rutas de escape y las puertas traseras Bajo todas las lunas y las tercas estrellas la luz que más brilla es el fuego quemando mis naves
A menudo he tenido la sensación de que Chesterton hablaba para personas tan sanas y dueñas de sí mismas que hoy en día es muy difícil encontrarlas. Es cierto, lo admito, he hecho promesas que he decidido no cumplir (también hay otras que he cumplido en parajes desiertos). Si alguna autoridad moral tenía para hablar ese día de la boda es porque no he dejado de creer en el valor de las promesas y porque he cumplido y sigo cumpliendo con algunas de ellas. Solo tengo una excusa para aquellos intentos en los que he fracasado: para poder cumplir esas promesas de las que he desistido habría tenido que aceptar montones de atropellos, habría tenido que dejar de ser yo mismo.
(1) La corrección política que nuestro tiempo exige la he agregado yo.



